ESTE ES UN ARTICULO QUE ME ENVIARON POR CORREO Y ME PARECIO MUY INTERESANTE.. DEJENME SABER LO QUE PIENSAN... HAROLD B
SOLTEROS RESPETABLES
En nuestra cultura casamentera, la persona que no esté casada es “de malas” (si es mujer) o “estadísticamente sospechosa” (si es hombre). Parecería que la soltería es una consecuencia nefasta ajena a la propia voluntad. No es convicción o simple preferencia, sino consecuencia de un destino cruel o “desviación sexual” amañada. Típicamente parroquiano.
Creer que el matrimonio es la felicidad y la única forma de realización personal es una quimera. Cabe preguntarse por qué más de la mitad de la gente quiere, literalmente, desencantarse de su pareja. Muchos se cambiarían gustosos por los “sufridos solteros”, y algunos hasta encimarían plata, con tal de acceder a esa condición.
El estereotipo hacia la soltería puede verse en los significados que el diccionario de sinónimos da al término: celibato, mocedad, virginidad, doncellez, nubilidad, puro, virtuoso, decoroso, cándido, y al final, como quien no quiere: libertad, que no es libertad afectiva, porque la soltería no es desamor.
Podría argumentarse que los casados también son libres, y es posible que sea así. Gian Franco Pagliaro dice en una de sus canciones, que no hay mayor libertad que estar encadenado a un corazón, puede ser y resulta encantador y afortunado. Sin embargo, esto no implica que los que han decidido estar por fuera del amor matrimonial, vivan infelices. Conozco más de una soltera que no les interesa ser madres ni cuidar marido y han optado por un extraño híbrido: el “amigovio”, que hace las veces de amigo cariñoso y compinche. Según ellas, las ventajas de la casada, sin las desventajas de la casada.
Las personas solteras no son necesariamente agrias, oscuras y lejanas, como la plantea el costumbrismo literario y teatral. La mujer soltera del siglo XXI nada tiene que ver con la típica beata, de rosario en mano y cinturón de castidad. La mayoría de las mujeres postmodernas se casan más tardíamente que sus antecesoras porque desean realizarse en su profesión y desarrollar sus talentos antes de empezar a criar hijos (Cabe señalar que según los expertos, el matrimonio tardío parece ser más estable que el temprano).
Ser soltero o soltera tampoco significa dejar por fuera el amor. Ellos sienten pasión, se enamoran, leen poesías y se apropian de la sensualidad del mundo cada vez que pueden y quieren, pero lo hacen en privado, con discreción, porque no necesitan aplausos.
Los solteros deberían tener su día, su convención nacional, su agremiación y hasta una rito para dejar sentado, mediante algún tipo de ceremonia, la decisión del “no matrimonio”, en cualquiera de sus formas.
En vez de decir, “Me voy a casar”, podrían comentar, “Me voy a solterear”, “Te invito a mi solteramiento o a mi solteronio”. Hacer una gran fiesta para comunicar a todos los amigos, parientes, y a la comunidad entera que se tomó la decisión de permanecer en estado de suspensión animada y no contraer nupcias, ni siquiera unión libre. Que se prefirió estar sin lazos, libre de convenio o sacramento marital.
Claro está que también existen los solteros por obligación, aquellos que queriendo estar en pareja, casados y con hijos, están solos. Estos no son solteros de vocación ni de alma, sino por imposición: solitarios afectivos, deshabitados del amor. No es lo mismo viajar por placer que ser exiliado, y una cosa es la soledad y otra muy distinta la desolación.
Dejemos que las solteras y solteros disfruten en paz su estado, que no es de ingravidez sino de cómoda levedad y cordial soberanía. No los critiquemos ni tampoco los envidiemos.
Aunque a las celestinas les duela, es un hecho: cada vez más personas escogen la soltería con agrado, en pleno uso de sus facultades y de acuerdo con su corazón, que entre otras cosas sigue palpitando. Y no es que odien el casorio, sencillamente saben a ciencia cierta que no va con ellos. ¿De malas?, vaya a saber quien le tiene lástima a quién.
Cortesia de Carolina Diaz